“Ser anciano y pobre es aterrador”

Traducción de un artículo aparecido en el sitio web ynet

“Ser anciano y pobre es aterrador”

“Yo estoy solo en casa y siempre tengo frío. Las paredes son demasiado delgadas y el frío penetra en los huesos”. No todos en Israel tienen la posibilidad de encender calefacción en su casa. La asociación “Hasdei Naomi” distribuye frazadas y equipo de invierno a ancianos, sobrevivientes del Holocausto y necesitados. Donen a la asociación y ayúdenla a ayudar a ellos.

“Tengo frío en la noche”, dice Israel (todos los nombres que aparecen en el artículo son falsos; los nombres completos están guardados en la redacción), un sobreviviente del Holocausto enfermo de cáncer, “no tengo muchos amigos, familiares o personas que se preocupen de mí y el invierno trae consigo no sólo el frío sino también mucha soledad porque es difícil salir afuera, de modo que la mayor parte del día estoy en casa”.

Agrega: “yo también soy enfermo de cáncer, y debo calcular cada shékel que gasto, ya sea para gastos corrientes de la casa, como electricidad, comida o medicamentos. No tengo quejas contra nadie, pero tampoco me avergüenza pedir ayuda. La necesito. Y toda ayuda que recibo me ayuda a sobrevivir”.

También Rafael, de 17 años de edad, cuenta sobre la dura sensación que acompaña al invierno: “Somos tres personas en casa, tengo un hermano que es soldado combatiente y por lo general está en la base, de modo que los gastos se reparten sólo entre mí, mi hermana y mi madre. A veces él se queda en la base por motivos económicos”, dice, “nosotros odiamos el invierno. Las paredes en Tel Aviv son terriblemente delgadas y la casa está congelada”.

El frío no diferencia entre edades

“El invierno me asusta”, dice Dalia, una anciana que vive sola. “Estoy sola en la casa y siempre tengo frío. Las paredes son demasiado delgadas y el frío penetra en los huesos. Cuando enciendo la calefacción nunca puedo gozar de un poco de tranquilidad, porque todo el tiempo tengo miedos por el costo de los diferentes aparatos eléctricos. No importa si los temores son ciertos o exagerados, ser anciana y pobre no es fácil en el Israel de hoy. Eso junto con la soledad, es verdaderamente duro. Yo trato de no auto compadecerme, pero el miedo a la pobreza, el miedo al frío que te atraviesa dentro de la casa, el miedo a la soledad, ya no sé a qué temer más. Y este invierno me parece más frío que nunca”, confiesa. Junto a Dalia hay otras muchas personas que reciben asistencia de la asociación “Hasdei Naomi”, el frío no diferencia entre las edades.

En “Hasdei Naomi” cuentan que las mismas personas que durante el año padecen hambre son las que sufren por el frío, y son las mismas que se ven obligadas a descuidar su atención médica porque para todo eso se necesita dinero. Paralelamente, parece que los ancianos son los más impotentes de todos: “Ser anciano y pobre es lo más aterrador que puede haber entre las poblaciones necesitadas”, dicen en la asociación, que brinda asistencia a más de 50 mil personas.

“No sé si odio más la época de las fiestas o el invierno”, dice Oleg. “Las fiestas me subrayan la soledad y la falta de alimentos básicos; el invierno me congela y me hacer estar prisionero en mi casa, si se puede llamar a esto casa. Todo se desmorona y está húmedo. Fuera de las asociaciones siento que el gobierno nos ha abandonado; alguna vez fui una persona respetable y con amor propio, ahora camino con los ojos clavados en el suelo”.

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