Ancianos, perdón

Traducción de un artículo aparecido en el periódico Maariv

Ancianos, perdón

Moshé Cohen

Nosotros, en las asociaciones de ayuda, querríamos estar cesantes, pero la pobreza es como una enfermedad que se propaga, tiene metástasis y se agrava.

Cuando se trata de ancianos, nuestra misión se torna aún más difícil. Dicen que “hay que darles cañas de pescar, no pescados”, eso quizás sea cierto cuando se trata de jóvenes, pero, ¿cómo puede dar respuesta a las dificultades de los ancianos?

Hace ya 33 años que la asociación Hasdei Naomi se encuentra en la primera línea de la lucha contra la pobreza, a la par de entidades parlamentarias y las organizaciones similares. 33 años que tratamos de reclutar armas para equipar a nuestros combatientes, que son los valientes voluntarios, y para nutrir las arterias de la asociación. El público tiene un gran corazón y hace lo más que puede, ya sea por medio de donaciones de dinero como directamente a través de donaciones de alimentos.

También las empresas alimentarias se unen, pero no alcanza. Logramos sobrevivir la batalla, pero no logramos la victoria para los más de 50.000 necesitados a los que apoyamos.

Como director general de una gran asociación, tengo que compartir mis pensamientos. A veces, cuando reflexiono sobre la palabra “pobreza”, siento que se trata de una criatura contra la que luchamos, y que a medida que pasa el tiempo ella logra nutrirse y crecer. A nosotras, las asociaciones, sólo nos queda tratar de golpearla. Lentamente logramos hacer que esta criatura disminuya su ritmo, que deje de avanzar hacia las poblaciones débiles a las que tratamos de rodear creando una muralla entre ellos y ella.

Pero cada vez que asoma el optimismo, recibo un recordatorio de que se trata sólo de una ficción. El Informe de la Pobreza es uno de esos recordatorios, pero nosotros no necesitamos informes. Nosotros tropezamos con esta dura realidad a diario.

Es verdad, si miramos a largo plazo centrarnos en la generación joven quizás pueda dar respuesta al problema, pero cómo mirar a los ojos de sobrevivientes del Holocausto y de otros ancianos – observar las arrugas, el cansancio, el falso optimismo por la vergüenza, observar todo eso – y llorar. Llorar y avergonzarnos.

Pido perdón a los ancianos de Israel, pido perdón en nombre de todas las asociaciones de Israel – perdón porque no logramos ganar por ustedes la guerra contra la pobreza. Hacemos el máximo, logramos ayudarles a sobrevivir – pero sobrevivir no es lo mismo que vivir.

La vida de los ancianos pobres es una vida de desesperación, porque en la mayoría de los casos no se trata sólo de pobreza sino también de soledad, y si la pobreza no mata, ¡la soledad lo hace!

Más de una vez escucho a escépticos decir “en Israel no hay pobreza” o “no hay sobrevivientes del Holocausto pobres”. Bien, les propongo entrar al sitio web de “Hasdei Naomi” y ver nuestra campaña para la generación mayor que necesita ayuda.

Quien todavía no crea está invitado a llamar al 03-6777777 y pedir hablar conmigo. ¿No creen que haya ancianos que pasan hambre? ¿Ancianos que ahorran electricidad porque no tienen dinero y se ven obligados a padecer frío? Fijemos un encuentro, y yo se los presentaré.

El autor es director general de la asociación de ayuda Hasdei Naomi

 

 

 

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